En un espacio terroso, el interior de una gruta, en las entrañas de alguna montaña me encontré caminando sin destino. Anduve por estrechos pasillos de barro, a tientas, en completa oscuridad. Un voluntad ciega guiaba mis pasos; allá a lo lejos, pude distinguir una luz mortecina. Con esfuerzo conseguí arrastrarme, ya que el techo de aquel pasadizo habiase reducido considerablemente. Palpando con mis manos hacia arriba descubrí que iba ensanchándose nuevamente por lo que pude incorporarme y caminar más deprisa. La luz, que se hacía cada vez mas intensa, verdeaba las paredes con vetas onduladas, lo que denotaba algún tipo de movimiento. Pensé que seria alguna pantalla colgante, que por acción de alguna correntada de aire producía aquel juego de colores. Al llegar a la puerta de la caverna descubrí no sin sorpresa, que la luz provenía desde la parte superior. Era esta una habitación muy pequeña de forma irregular, más parecida a un hexámetro, que a un cuadrado; pero lo más sorprendente era la constitución del techo. Un lago invertido colgaba o flotaba sin derramar una sola gota de agua; peces de color rojo, como recubiertos de sangres solares, otros de lomo plateado, azules como el zafir, los había de todas clases y tamaños; nadaban pacíficamente describiendo en las paredes fantásticas formas multicolores. Jamás había visto espectáculo tan maravilloso; el sol iluminaba el pequeño lago desde arriba, logrando el efecto de un prisma. Este lago invertido estaba profusamente invadido por algas, y otros tipos de plantas marinas de colores desconocidos; se aproximaban a los verdes, turquesas, azules.
Una tentación de tocar las trémulas aguas, hizo que me acercara un poco más.
Al estirar un brazo, lentamente, como no queriendo romper algún hechizo, temiendo que aquella enorme masa liquida se desmoronara sobre mi, extendí mi mano y con gran nerviosismo y expectación acaricie las fulgurantes aguas de esmeralda…
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Y esto?
ResponderEliminarJajajaja,lo veo casi un año después!
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